Mundo ficciónIniciar sesiónA la mañana siguiente, los rayos del sol ingresaron por la ventana desprovista aún de cortinas y sentí el cuerpo cálido de mi mujer removerse.
—Buenos días —susurré en su oído.
Ella sonrió.
—Buenos días, amor —respondió risueña y el calor en mi pecho se hizo inmenso. Besé su hombro desnudo y su cuello. Sentí cómo su piel se erizaba y reaccionaba a mi c







