CAPITULO 14

En cuestión de segundos, llegó la misma limosina que nos llevó al hotel y nos montamos en ella. Mónica le pasó la dirección de un bar muy exclusivo al chofer, y fuimos de camino a llorar mis penas de amor, como bien lo dijo. Al llegar, la cola de gente que aguardaba por entrar era impresionante, pero al ver a Mónica, el encargado de la entrada la hizo pasar de inmediato. Entramos y quedé impresionada, porque el lugar destilaba lujo por c

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