Mundo ficciónIniciar sesiónSi alguna vez pensé que simples palabras no herían, estaba equivocado, porque aquellas que acababa de escuchar me habían desmembrado el alma.
Aprovechando la conmoción que atravesaba, Ana salió disparada de mi oficina y cerró la puerta de un portazo. Di pasos certeros para alcanzarla, cuando una mano me detuvo, entonces recordé que aquella malnacida seguía allí. Volteé con furia hacia ella y, sin poder evitarlo, la t







