Capítulo 10
Después de mi funeral, Leandro promulgó un decreto en el que reconocía públicamente su culpa.

El texto era claro y explícito.

El rey mismo había amenazado con matar a los miembros de dos familias para obligarme, la esposa de uno de sus súbditos, a entrar en el palacio. Después, había utilizado su supuesto afecto por mí para atraer a los rebeldes y hacerlos caer en la trampa.

Yo nunca había codiciado los lujos del palacio ni había traicionado a mi esposo.

No había muerto por voluntad propia para
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