— ¿Carlos? ¿Qué diablos haces aquí? — Carlos se levanta del sofá en el que se encontraba sentado y tiene una copa en una mano con un líquido ambarino.
— Tus padres me han pedido salvarte de la perdición, quieren darte una segunda oportunidad — me dice como si lo que está afirmando, no fuera en sí mismo un absurdo — Debes dejar esta casa y ciudad del pecado y venir de nuevo conmigo, estamos dispuestos a perdonarte y a que te cases conmigo.
— Yo estoy bien acá, gracias — le respondo — Tú podrías