Veo a la pobre Bianca saltar con el grito de Jacob, quien se levanta con toda su gloría al aire y mientras lo miro, solo soy consciente del ruido que hace la puerta al cerrarse ¡Qué vergüenza!
— Jacob, trata de calmarte — le digo, mientras nos vestimos — Ella no podía saber lo que estábamos haciendo.
— Esta es nuestra casa, Miranda. Podemos hacer lo que queramos, donde queramos, así que no voy a permitir que violen mi intimidad de esa manera — sale de la habitación y me arreglo rápidamente y l