Ivonne y Grant estuvieron hablando un buen rato después de que Perlman se calmó, Ivonne lo dejó gritar y maldecir hasta que se sentó, agotado.
—No sé cómo pude ser tan ingenuo —se quejó Perlman, ya más tranquilo— Debí suponer que Alexander era lo suficientemente astuto y desconfiado para poner a alguien detrás de nosotros.
—No seas tan duro contigo mismo —le dijo Ivonne— Yo misma lo menosprecie bastante, pero resultó más astuto de lo que pensaba.
—Sí, pero yo lo conocía demasiado bien —se lamen