—¡Esto es sencillamente una locura! —se escuchó la voz de Brian Harper, que sonaba entre sorprendida y enojada— No puedo creer que me estés diciendo eso en serio, Rachel.
—No solo te lo estoy pidiendo, Brian —le dijo con voz dura— Te lo estoy exigiendo.
—¿Pero cómo crees que voy a permitir que te arriesgues como si fueras una vulgar carnada? —dijo Brian con tono exasperado— ¡Patrick nunca me lo perdonaría!
—¡Patrick no está ya aquí, Brian! —gritó también Rachel— Esos malparidos me lo quitaron,