Mundo de ficçãoIniciar sessãoEran las tres de la mañana cuando desperté, miré el teléfono y encontré al culpable de ello: Pablo, que me había enviado un mensaje.
Sonreí, y no porque el mensaje de mi amigo me hubiese hecho gracia. No, no tenía nada que ver con Pablo, si no con Borja, que dormía bajo mis brazos, dándome la espalda, como si tal cosa.
Metí el teléfono debajo de la almohada, sin tan siquiera leer el







