Negó rápidamente y llevó mi mano a su boca. Contuve el aliento cuando su lengua empezó a limpiar las gotas de sangre.
—No deberías de hacerlo, porque yo quiero… —Se detuvo y cerró sus ojos por varios segundos—. Se nos hace tarde, vamos.
—¿Qué quieres?
—Pronto lo sabrás —Entrelazó nuestras manos y salimos.
En el camino, un denso silencio se cernía entre nosotros, y quizás era lo mejor en ese momento. Todo lo que había ocurrido en los últimos minutos se estaba asentando en mi mente y causando una