~ELENA~
El aire se espesa mientras me guían más adentro de la habitación, cada paso arrastrándome más lejos de la seguridad… si es que alguna vez existió la seguridad con ellos.
Mi piel desnuda se eriza, mi pulso salvaje bajo la venda. No puedo ver a dónde me llevan, solo el tirón de sus manos, el roce cálido de sus cuerpos mientras rodean, conducen, reclaman.
Una silla se arrastra suavemente contra el suelo.
“Siéntate,” ordena Vincenzo, su voz severa y firme.
No puedo verlos, pero estoy famili