Capítulo 36. Una sensación extraña
Dormimos hasta el mediodía, nos levantamos sin ningún tipo de orientación, cansados pero contentos.
Nos dimos una ducha rápida… bueeeno, duramos cuarenta minutos ahí adentro, pero ¿quién cuenta?
El dolor y la hinchazón en mi pie habían bajado considerablemente, y solo dolía si lo doblaba un poco hacia la izquierda, pero al menos ya podía caminar. Gracias al cielo, el golpe en mi cabeza no fue fuerte y la herida en mi brazo ya había cerrado.
Busqué en mi maleta un pantalón jeans azul, rasgado, u