Cuando la noche cayó, los trillizos estaban dormidos en una de las habitaciones de la casa de sus padres, mientras que Aria se quedó con ellos, aún conversando.
Aria miró por enésima vez la taza de chocolate caliente entre sus manos, su madre cada cierto tiempo la miraba con inquietud sabiendo que incluso en silencio, Aria no estaba bien. A pesar de que pretendía manejarlo todo.
—¿Hay alguna otra cosa que nos quieras decir? Parece que estás buscando el momento de contarnos algo más...
Aria son