Maxwell suspiró.
Acababa de dejar atrás a sus padres, Abigail y Máximo, quienes le habían dado un ultimátum imposible: renunciar a Aria y a sus hijos o perder su puesto como presidente de la compañía familiar.
Apretó los puños con fuerza, sintiendo cómo la rabia y la frustración se acumulaban dentro de él. ¿Cómo podían ser tan fríos y despiadados? ¿Acaso no entendían que esto no se trataba solo de una cuestión de negocios, sino de su propia familia?
Mientras caminaba, las palabras de sus padres