Simon entrecerró los ojos. “¿Dónde están? Quiero interrogarlos personalmente”, dijo él con voz fría y fuerte.
Él no se había dado por vencido en atrapar a los secuestradores. No podía ser amenazado por ellos para siempre.
“Sígame”, dijo Franky, llevándolo de inmediato.
Simon siguió a Franky a una habitación secreta donde habían amordazado a los cuatro secuestradores. Ellos estaban en cuclillas en el suelo con las manos atadas.
Ellos levantaron la cabeza y vieron a Simon entrar en la habitaci