Jim empujó a Riley hacia el costado de su coche. Había abierto la puerta y estaba a punto de empujarla hacia el coche cuando ella se quitó la mano del hombre de encima.
“¿Qué diablos estás haciendo? Ya no te debo nada, ¿no es así?”, preguntó Riley, enojada. Ella se frotó la muñeca, que le dolía debido a como fue agarrada.
Jim la miró de reojo. "No depende de ti decidir si me debes algo o no. Si no hubieras dañado mi camisa, no me habría avergonzado delante de mi diosa. Tú eres la razón por la