Riley le entregó apresuradamente el traje que tenía en las manos y le dijo: “Ves, te lo dije. Este pequeño problema tiene una fácil solución. No afectará tu pequeño atuendo”.
"¡¿Qué sabes tú?! Pensaba ponérmelo para confesarle mi amor eterno a mi enamorada. Si fracaso por este pequeño defecto, ¿me conseguirás otra novia?”, le gruñó Jim enojado.
Riley le estaba lanzando maldiciones en su mente, pero seguía con una sonrisa en el exterior. “No, eso no va a suceder. No puedes ver el defecto en abs