Enzo asintió, exhalando un suspiro de genuino agradecimiento. Sabía que era lo mejor.
—Gracias por llamarlo tú, hermano —admitió Enzo en voz baja—. No creo que Enrique quiera hablar conmigo, no en este momento. Y lo entiendo perfectamente... Enterarse de que su hermana se acostaba con el abogado del