— ...Punto de Vista de Isabela... —
Cuando terminé de hablar y el silencio volvió a envolvernos Azael se inclinó hacia mí sin decir nada más. No fue un movimiento impulsivo ni incómodo. Fue lento. Con demasiado cuidado. Sus brazos me rodearon con una firmeza contenida y supe que en ese gesto había más disculpas que en cualquier palabra pronunciada minutos antes.
Su abrazo no tenía posesión. No tenía exigencia. Era un abrazo que reconocía el dolor compartido y al mismo ti