La noche paso de largo sin envolverme entre sus brazos, me quedé sentado frente a la ventana, esperando el amanecer, fue hermoso como muchos de los que he visto en mis noches de insomnio, extrañando su olor, que era lo único que conocía de mi destinada, de mi luna, del amor que yo con mis propias palabras casi mate , tocaron la puerta sacándome de mis pensamientos ¡adelante!
—Alfa, debe ver esto
—En verdad me odias Muriel ¿Puedo arreglarme? El dolor de cabeza me mata
—No creo, debe ver esto aho