EPÍLOGO.
[Dos Años Después...]
Miré con tristeza por última vez la tumba donde descansaban los restos de mi esposo, aquel hombre que me había regalado los años más hermosos de mi vida, un hombre leal, respetuoso y amoroso que echaría tanto de menos de ahora en adelante. Entonces me di cuenta de lo efímera que es la vida...
— ¿¿QUE DEMONIOS, SAVANNAH?? ¿Mataste a nuestro protagonista?
— ¡Deja de interrumpir Max y termina de leer el final!
"Aquella tarde de primavera había quedado marcada en mi corazo