Dejándonos ir

Eva Graham no salía de su asombro, y la persona en la puerta se irritó al verla así.

—Mira tonta, si no me vas a dejar pasar ¡Ah! mejor me voy, olvida que estuve aquí — iba a darse la vuelta para irse, pero unas suaves manos lo detuvieron, agarrándolo firme del brazo.

Eva lo jalo hacia ella, absorbiendo su aroma, pegándolo mucho a ella, tratando de sentir su calor, su aroma, esa calidez, que siempre le hacía sentir al tenerlo entre sus brazos.

Franck se sorprendió tanto, que iba a corresponder,
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