CAPÍTULO 42. ACABANDO CON LA MALDAD

Al sentirlo cerca, se llevó una mano a donde había escondido el puñal, pero luego lo pensó mejor y se dio cuenta de que no era el momento para ella rebelarse. Debía aguantar por ahora sus asquerosas manos en su humanidad, porque si lo atacaba ahora no saldría viva de allí.

Apretó nuevamente sus ojos y contuvo el asco, pensando en sus hijos y en Felipe para tolerar esa situación, hasta que por suerte llegaron en ese momento a la casa principal, lo que evitó que continuara el avance del hombre. Al abrir la puerta del auto salió disparada tan nerviosa que trastabilló y estuvo a punto de caer, pero lo

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