La semana deportiva de la empresa había llegado, y con ella, un aire de emoción y competencia que se respiraba en cada rincón de la oficina. Era la semana favorita de Evangeline. Aceptaba que tenía un gran problema: Le encantaba las competencias de cualquier tipo y sobre todo ganarlas.
Por eso le irritaba aun no ganar la estúpida competencia por la gerencia. La estaba volviendo histérica.
Cada año, la empresa dividía a su personal administrativo en cuatro equipos de colores: rojo, azul, verde y