305. EL ENCUENTRO CON LOS JÓVENES
AMET:
No me gustaba el rumbo que tomaban sus palabras, aunque podía ver que había verdad en ellas. Julieta no debía sufrir, no debía conocer nada de esto. Horacio tenía una expresión más seria que nunca. Había hablado sin pensar y ahora sentía la urgencia de proteger a su mitad. Pero en ese momento, nos interrumpieron.
— Horacio, amor, venía a buscarte… —se detuvo al ver que teníamos invitados—. Oh, perdón, no sabía que estabas ocupado.
Julieta, toda apenada, se ha detenido en la puerta. Fabio