Mis ojos se abrieron lentamente, solo para encontrarse con la intensa claridad de la habitación. La luz me atravesó, obligándome a cerrarlos casi de inmediato.
Mi cabeza palpitaba con un dolor que ni siquiera podía definir. No era solo un dolor de cabeza—era más profundo, más pesado, como si algo golpeara desde dentro hacia afuera. Tenía la garganta tan seca que ardía al tragar. Incluso respirar resultaba incómodo.
Intenté procesar dónde estaba. Intenté entender mi entorno. Pero mis pensamiento