Es ella —la hija de Miss Carter, si no me equivoco. La forma en que me observaba, con el mentón ligeramente alzado y los ojos afilados como los de un águila en vigilancia, me hizo detenerme, como si me hubieran atrapado haciendo algo indebido.
Había algo en esos ojos —una curiosidad implacable, vigilante pero valiente— que me hizo sentir como si estuviera leyéndome por dentro.
Llevaba el cabello recogido en una trenza suelta que caía sobre uno de sus hombros, con algunos mechones rebeldes escap