Después de quedarse rato así abrazados, Abigail y el mafioso subieron a su habitación, Aby ya llevaba puesta su pijama, así que se quedó mirando cómo el hombre se ponía la suya, aúnque sintió un cosquilleo entre las piernas al ver su firme trasero y su polla que aunque estaba dormida le provocaba tocarla, no podía negar que todavía le dolía el cuerpo por la intensa noche que habían recién pasado
Sasha se metió entre las sábanas atrayendo a Aby a sus brazos, deseo hacerte el amor pero hoy no voy