14~ El placer del otro.
Carlos corrió hacia el muchacho con el objeto en alto y el pelirrojo lo miró con curiosidad, y cuando llegó de un hábil movimiento logró quitarle el atizador y someterlo contra la pared.
Carlos sintió rabia y confusión, y por más que intentó liberarse del otro hombre este lo sostuvo bien firme contra la pared.
— Espera, por favor — le dijo el pelirrojo — no te enojes, ¿Qué te pasa? Yo no te haré daño — Carlos cerró los ojos y respiró profundo antes de dejar de forcejear y él lo soltó despacio.