Virginia
Sabía que esta visita a la casa de la abuela de Murilo no sería el lecho de rosas que él confiadamente creía que sería. Tenía ese presentimiento desde el mismo momento en que sugirió la idea de un almuerzo familiar. Confirmar que era una mansión enorme y diez veces más lujosa que el apartamento de Murilo solo sirvió para reafirmar esa impresión inicial.
Pero la mayor prueba de todas de que tenía razón acababa de materializarse frente a nosotros, mostrando una sonrisa amplia y falsa en