Alaric
Entro al castillo con la sangre todavía caliente en las manos.
La mía no.
La de ellos.
Lyra camina a mi lado. No digo nada. No necesito hacerlo. Siento cada latido de su corazón a través del vínculo, rápido pero firme. Está entera. Y eso es lo único que ha evitado que pierda completamente el control.
Atravesamos los pasillos mientras los heridos son trasladados a la enfermería. Algunos inclinan la cabeza al verme pasar. Otros apenas pueden mantenerse conscientes. El olor a antisépticos y