La reunión de emergencia de la junta directiva estaba programada para las ocho de la mañana.
Ethan llegó a las siete y media.
Se quedó junto a la ventana con su café. Observó la ciudad y pensó en las cifras. Dos inversores se habían marchado. Tres seguían atentos. Las acciones habían caído un once por ciento. La situación no tenía remedio. Ya no había nada que la detuviera.
Gerald llegó primero. Luego Patricia. Después los demás. Uno tras otro, todavía con sus abrigos puestos, con la energía de