Zara llegó a las ocho y cuarto. Traía vino, su portátil y una energía que indicaba que estaba lista para ayudar y que no se iría hasta que todo estuviera listo.
Entró en la habitación, miró el rostro de Nadia, luego el titular de la noticia que seguía abierto en la pantalla y, finalmente, los papeles en los que Nadia había empezado a trabajar. Sin esperar a que se lo pidieran, se sentó.
"Enséñame todo", dijo Zara.
Nadia le mostró todos los documentos. Había papeles de Reed, un registro de una t