Reed llamó a Ethan esa misma tarde. Ethan contestó al segundo tono.
—¿Estás en casa? —preguntó Reed.
—Sí. ¿Por qué?
—Voy para allá.
Hubo una pausa. —Reed...
—Ya estoy en un taxi. Llego en veinte minutos. —Colgó antes de que Ethan pudiera responder.
Ethan abrió la puerta vistiendo un suéter y sin chaqueta; lucía esa informalidad propia de quien lleva tiempo en casa y ya no necesita mantener las apariencias del día. Miró a Reed; Reed le devolvió la mirada.
—Pasa —dijo Ethan.
Reed entró. Se sentar