Elena, al escuchar esto, abrió los ojos con gran sorpresa.
La figura imponente delante de ella y el Juan despreocupado de ayer, que había engañado a todos los solicitantes en la entrevista, empezaron a fundirse lentamente en su mente.
—¡Juan, eres tú!
Juan, riendo, le respondió: —¡Claro que sí, soy yo! ¿Cómo es que ya no me reconoces? ¿No dijiste que estabas muy agradecida conmigo? ¿Acaso me estabas engañando?
Elena negó con la cabeza rápidamente, como si estuviera tocando un tambor: —¡No, por