Scarlett Ashford
Lo primero que noté fue el silencio. Durante la última semana, mi cabeza había sido una obra en construcción. Había un zumbido constante y agudo detrás de mis ojos, un rugido estático que se hacía más fuerte cada vez que intentaba pensar, y una línea de bajos retumbante de mi propia presión arterial martilleando contra mi cráneo.
Ahora, no había nada.
Solo el suave zumbido del aire acondicionado y el sonido lejano de una bocina de coche a varias manzanas de distancia. Parpadeé.