Scarlett Ashford
Me senté ante el gran escritorio de mi despacho, en la planta treinta y cinco. La habitación estaba en silencio. El único sonido era el rápido repiqueteo de mis dedos sobre el teclado.
Miré la brillante pantalla del ordenador. Estaba escribiendo las notas de la reunión de la junta directiva. Cuando terminé, pulsé el botón de imprimir. Recogí los papeles y los alisé sobre el escritorio para que quedaran bien ordenados. Los guardé en una carpeta azul oscuro.
Era hora de entregarl