Punto de vista de Marimar Oquendo
—L-Levi… —Mi voz apenas logró salir, un susurro tembloroso que se quebró en el aire cargado de tensión.
El miedo se enroscó en cada músculo de mi cuerpo como alambre ardiente. Sus ojos azules, ahora extraños y vacíos, me clavaban contra el suelo. La habitación estaba completamente iluminada, pero una sombra pesada parecía devorar las esquinas, oprimiéndome el pecho.
Mi corazón golpeaba con fuerza contra las costillas, cada latido dolía. No podía apartar la mira