—Las malditas criaturas estaban aquí —dijo Larry, arrugando la nariz mientras escupía en el suelo del bosque—. Lo que no entiendo es cómo evadieron todas las trampas.
—Larry, se nos está acabando el tiempo. Si no conseguimos al menos una de esas malditas bestias antes de fin de mes, el señor Volkov nos cortará la cabeza y yo no quiero morir todavía. Tengo hijos, ¿sabes? —dijo un hombre, de pie frente a Larry.
Larry miró al resto y vio que apoyaban lo que decía el hombre y frunció el ceño—. ¿C