Sean se puso su ropa y recogió al conejo que había conseguido en el bosque y luego caminó. Se puso la capucha de su sudadera con capucha con la cabeza inclinada y el conejo en sus brazos. Sus sentidos estaban en alerta máxima y, al ser un lobo, podía escuchar diez veces mejor que un humano promedio, por lo que centró su atención en los susurros, queriendo saber a quién evitar y cuándo empezar a correr. Afortunadamente, llegó a su vecindario sin ser visto y no dijeron nada sobre él más que el hu