Sean miró fijamente la sala de estar que se había convertido en un desastre y no podía creer lo que veía. Observó a los dos grandes lobos peleando en la sala, uno marrón y otro negro. Había ropa hecha jirones por todas partes y era obvio que ambos se habían vuelto enojados. Su mirada se dirigió a la mujer que lloraba en la esquina y que parecía perdida y sin duda intentaba que su pareja se calmara con el vínculo mental.
"Sean, ¿qué está pasando?" Preguntó Atón, acercándose corriendo.
“No lo s