"No", susurró Alan al ver la rosa en su cuello que parecía una marca pero diferente a cualquier otra que hubiera visto. "No puede ser", sacudió la cabeza, sus ojos se negaban a abandonar aquella cosa espantosa.
"Es verdad, papá", susurró Aliyah sabiendo que ya no había forma de ocultarlo. Cerró los ojos y exhaló un suspiro, sabiendo lo que tenía que hacer y lo que tenía que revelar y también lo que eso le haría. Ella aún no ha descubierto su posición con Edward, pero el hombre nunca dejó que l