Ariella
Ya sabía que los chicos – mis chicos – eran jodidamente ricos, pero aun así honestamente me sorprendió encontrarnos sentados en un hangar privado con el logo V tallado audazmente en la parte superior del edificio.
Richard salió primero, luego mantuvo la puerta abierta para mí y me guió hacia adentro donde había tres jets justo frente a nosotros, dos helipuertos, y lo que sea que mis ojos no alcanzaban a ver. Mi corazón se atoró en mi garganta mientras miraba boquiabierta el lujo sentad