Ariella
Toc, toc…
Trae tu lindo trasero aquí —gruñó Henry, girando en su silla de oficina y abriendo los brazos para mí.
Me reí y crucé el espacio, acomodándose en el regazo de Henry. Me atrajo hacia él, sentándome a horcajadas sobre sus piernas y dejando que mis dedos de los pies colgaran sobre el suelo. Cuando intenté moverme hacia atrás, me jaló hacia adelante, gruñendo y sonriendo mientras me balanceaba sobre él.
Levanté una ceja.
¿Con ganas de una aventura rápida por la tarde? preguntó, mo