Ariella
Jason rebuscó un par de bóxers mientras yo corría a la otra suite para despertar a Richard. No se había ido a la cama, sino que estaba recostado en un sillón, con una lámpara apartada de sus ojos. Tenía la boca entreabierta y exhalaba suaves respiraciones mientras dormía.
Me posé en el brazo de la silla y pasé un dedo por su nariz, haciéndolo estremecerse y relamerse los labios.
Despierta, viejo —susurré.
Richard ronroneó, una sonrisa extendiéndose por sus labios mientras abría lentamen