Debbie
El aire en el garaje se sentía pesado y olía a gasolina y a llantas caras. Me quedé parada junto a mi pequeña maleta, viendo a los hermanos discutir una última vez.
—Yo la voy a llevar —soltó Rain, haciendo sonar sus llaves—. He estado con ella toda la mañana. Ya estoy sintonizado.
—Estás vibrando como un cable suelto, Rain —replicó River, con los ojos oscuros y entornados—. Vas a estrellar el auto antes de salir a la carretera principal. Yo la llevaré. Al menos yo estoy tranquilo.