River
Mientras la miraba, el corazón todavía me golpeaba contra las costillas, pesado y ruidoso. Finalmente me había quitado de encima esa enorme roca de sentimientos que cargaba. Me sentía más ligero. Y me sentía bendecido. Debbie no me rechazó.
Me abrazó. Y con eso bastaba.
Ahora estaba allí recostada, con la piel resplandeciente bajo las tenues luces de la habitación, y sus ojos, abiertos y oscuros, reflejaban un hambre que delataba la mía.
—Por favor, River... te necesito —susurró—. Necesit