Debbie.
—Sí, cielo…
—Me estoy… oh, joder…
Su mano se movió hacia mi muslo, acariciándolo lentamente mientras embestía. Mi mirada no podía apartarse de la suya. Cuanto más lo miraba, más olas de electricidad inundaban mis sentidos.
Esto no era él follándome. Era una sesión de hacer el amor, deliberadamente adictiva, que estaba segura me dejaría con ganas de más.
Entonces, poco a poco, aumentó el ritmo. No mucho, pero lo suficiente. No necesitaba nada más de él. Su cadencia, la forma en que