Debbie.
—¿Qué haces aquí? —preguntó.
Escuché la pregunta, pero apenas la procesé, porque... mis ojos. De alguna manera, se habían negado rotundamente a apartarse de la pared sólida que tenía enfrente. Había tatuajes, algunos escritos en su brazo; pero no se parecía en nada a lo de Rex.
—Debbs —llamó de nuevo, y volví a la realidad.
—Yo, estee... yo...
Él se acercó un paso.
—¿Qué? ¿Por qué estás aquí? —volvió a preguntar.
—Yo... yo... traje el desayuno. Para ti.
—Debbie, si sigues miránd