Adriana no podía creer que la señora Torres y Amelia fueran mejores amigas. Se tocó las cejas, pensativa. El mundo es un pañuelo y pues nosotros apenas somos sus mocos.
No era raro que la primera vez que cayó en la trampa en los campos de flores de Madecia y terminó en el agua, tuvo que usar un vestido prestado de don Lorenzo para regresar. La señora Torres había dicho que el vestido le parecía conocido… ahora entendía por qué: era la ropa de una vieja amiga.
Cuando don Lorenzo habló del pas